-“¡Hasta aquí llegaste, hijo de puta!”
Escuchó que alguien le gritó al tiempo que lo amagaba con una pistola calibre .358. Sólo podía ver la palidez que su propio semblante y el rostro rabioso de su atacante que se reflejaban del espejo en su alcoba.
-“He deseado y esperado este momento desde la tarde en que mataste de un disparo a mi padre;” continuó con voz rencorosa el delincuente, “yo era un niño y partir de entonces no ha habido día de mi vida en que no me duela el recuerdo ni que el deseo de venganza me amargue la boca.”
El hombre de edad madura se hundió ante el sobrecogimiento de un futuro incierto por la amenaza que le hacía aquél intruso, de mirada dura y que tenía un cuerpo envejecido prematuramente. No había mucho que decir y nada que hacer, solo esperar el fatal desenlace. “El que a hierro mata a hierro muere.” Así acabarían sus días de mercenario, de la misma manera en que había matado a tantos: después de estudiar los hábitos de sus víctimas esperaba el momento para sorprenderlas en la intimidad de su solitaria alcoba para enseguida ilustrarlos con un “epitafio” -cortesía del elaborado cinismo de sus clientes- y finalmente liquidarlos de un tiro en la cabeza.
-“Lo de tu padre no ha sido nada personal.” Dijo a manera de excusa. “Tampoco me dí cuenta de que estabas escondido en aquella habitación hasta que me enteré por medio de los noticieros y te lo juro que–”
-“¡No lastimes a mi papito!” Interrumpió un niño de tierna edad que salió de entre las cortinas.
Aunque el hombre maduro se quedó helado, el joven fue el más sorprendido ante la inesperada aparición y mirando con suma tristeza al pequeño, le dijo a su víctima:
-“¡Ah!, mi amigo, no puedo permitir que la historia se repita; no dejaré que tu hijo viva el infierno de presenciar la muerte de su padre.”
Entonces, con un movimiento rápido, el joven apuntó la pistola a la cabeza del niño, disparó y la blanca pared se pintó con la sangre del infante que cayó muerto. Y retomando la conversación con la víctima inicial, continuó con extrema frialdad:
-¿En qué nos quedamos?…
© Francisco J. Carabez 27 Febrero 2009
Wow!!!!
Sorprendente! deslenlace inconcluso, final frio y cruel.
Estupenda “Historia que no se repite”
Pasamos a lo que sigue?
Éste sí que ha sido un Cuento Corto y Cruel.
Me encantó esta historia, el final inesperado pensé que no lo mataría pero…
excelente.
Textos como ese me animan a no dejar de escribir.
Hey, Drakko, buen invento ésto de los Blogs, ¿no crees?
“Hay cuentos que se escriben con la facilidad como lo hacen los cuentos que están listos para ser escritos”
Bueno en mi opinión si se desarrolla un poco mas la historia da menos sensación de terminar demasiado rápido o se deberían dar menos explicaciones al principio, más imagen, menos aclaración, es mi opinión, claro!
http://www.brillanporsuausencia.com
Pera:
Tienes razón, habría que haber hecho el cuento con mas calma; para la próxima voy a respirar profundo antes de lanzarme al agua!
Muchas gracias por tu comentario!
Como la resaca inevitable después de la mala mezcla de licores, así irrumpe en la tranquilidad el niño de este cuento, no es de extrañarse la reacción del asesino.