El Obelisco II

El Obelisco: Segunda parte.

Creía que había cerrado el ciclo de sueños del “centro de la tierra” cuando soñé que estaba en una costa, paseando por el malecón de una ciudad turística. Al Mirar el romper de las olas de la playa cercana, reconocí casi sepultado entre el agua y la arena, el semicírculo de la parte superior de la escalinata del ¡Teatro Griego!.

!Wow! Sin duda había regresado al centro de la tierra; seguramente el calentamiento global había subido el nivel de su mar artificial provocando la inundación del teatro. Emocionado, pregunté a un policía sobre el paradero de mis tres viejos amigos. Me dijo que Durante había fallecido hacía varios años y con él su restaurante. Don Nicolás era alcalde vitalicio de la ciudad y qué Oriana tenía un burdel en la zona dorada dentro del centro de la ciudad.

Pensé en saludar primero a Doña Oriana porque a mi juicio Don Nico estaría muy ocupado en sus asuntos de gobierno.

Me dirijí a visitar al negocio de la Doña. El burdel estaba en el primer piso de un gran edificio. No pude evitar la sorpresa de ver de nuevo a mi vieja amiga; que al reconocerme, de inmediato me hizo pasar y me ofreció un trago con mucha exitación.

-”¿Qué te tomas?”

-”Whisky con soda.”

-“¿Qué te parece el lugar?,” me preguntó.

Le dije que era un lugar con mucha clase y estilo. Mi sorpresa fue mayor cuando me explicó que había sido mía la idea de hacer un lugar como aquél.

-“¿Ha sido mi idea?,” pregunté incrédulo.

Ella me recordó que en alguna ocasión le había comentado que cuando tomaba con los amigos de mi “mundo”, nos gustaba fantasear en el negocio perfecto:

-”Cuatro niveles de estacionamiento en el sótano, burdel en la planta baja y renta de cuartos en los pisos de arriba: ¡Les cobras a los clientes el estacionamiento, la bebida, el cuarto y la suripanta! Negocio redondo,” me dijo tratando de refrescarme la memoria.

-”Ja, ja, ja. Es verdad. Nunca creí que álguien lo hiciera realidad,” le comenté en son de broma.

La Señora llamó a dos damas y nos pidió que la siguiéramos. Subimos las escaleras hasta el piso siguiente y nos metimos a un cuarto.

-“Hagan lo que él les pida, mientras voy por una [botella] de [vino] tinto,” les dijo y salió de la habitación cerrando la puerta tras de si.

Al quedarnos solos, ellas me miran coquetas y yo tomando las cosas con tranquilidad, intento pedirles que pongan el segundo concierto para piano de Sergei Rachmaninov en el reproductor de discos; pero para mi desgracia no puedo pronunciar correctamente el nombre del autor, y sólo logro balbucear sonidos guturales; ellas por supuesto que no entienden el nombre que trato de vocalizar y mucho menos saben de quien se trata.

Por más que me esfuerzo, me veo incapaz de pronunciar apropiadamente “Rachmaninov”

Al poco tiempo, entra Oriana. Las chicas al ver la cara de disgusto de la señora, le dicen a manera de excusa:

-“Es que no le entendemos lo que dice,” mientras me señalan con el índice.

-“Es culpa de estas tontas,” me dice Oriana al tiempo que las toma de los cabellos, las arrastra fuera de la habitación y las arroja por las escaleras.

Yo me quedo paralizado ante la escena.

-“Espera aquí, cariño, voy por otras que sí te entiendan,” me dice.

Yo, al ver que los cuerpos ensangrentados de las mujeres no se mueven, huyo por la salida trasera del inmueble. En mi fuga, cuando estoy a media escalera, me topo con Oscar, mi amigo de parrandas, que al verme me dice:

-“Cabrón, acompáñame, vamos a hacer un trío.”

Si darle tiempo de nada, lo jalo hacia la calle y al explicarle la situación, los dos salimos corriendo por los callejones posteriores al edificio. De pasada veo a unos ancianos jazzistas de color sentados a las entradas de los condominios lúgubres, tocando desenfadadamente un sax y una armónica.

Así continuamos corriendo hasta toparnos con las ruinas de una estación de ferrocarril. Internamente me reprocho el haberles dado la mala idea de construir un ferrocarril en un lugar encerrado y pequeño como aquella ciudad, seguramente ésa no ha de haber sido una de mis mejores contribuciones.

-“Güey, vámonos al malecón,” me dice Oscar.

Agitados de tanto correr por fin llegamos a la parada de camiones en la calle principal. Le pregunto al chofer del primer camión que se para:

- “Señor, ¿va a la tierra?”

El chofer piensa que es una broma, cierra la puerta con molestia, y se va.

-“Cabrón, mejor pregunta que si va a la terminal de camiones,” me reclama Oscar al ver la reacción del conductor.

Esperamos al siguiente camión y cuando llega, esta vez pregunto:

-“Señor, ¿Va a la terminal de camiones?”

-”¿A cual necesitan ir: a la norte o a la sur?,” questiona a su vez el chofer.

-”A la que vaya, no nos importa. ¡Súbete, cabrón!,” me subo y apresuro a Oscar a que también lo haga.

Una vez arriba del vehículo, el chofer cierra las puertas y se va caminando hasta los asientos que están en la mitad del camión y al parecer sigue con una acalorada charla con el resto de los pasajeros.

El autobus es conducido por el piloto automático.

Al poco tiempo recuperamos la serenidad y nos metemos en la plática del resto de los pasajeros. De alguna manera comienzo a platicar con el chofer, que al ver que no somos de la ciudad, nos explica la historia de cada lugar de interés que está dentro del recorrido de la ruta.

Por la ventana veo la costa y su mar intensamente azúl. “Al menos han cambiado el color del agua,” pienso.

Después logro distinguir en una palapa en ruinas lo que quedó del restaurante de Durante, me dió mucha tristeza mirar el lugar.

En eso veo a lo lejos una glorieta y reconozco el obelisco, la alegría vuelve a mi rostro. Qué orgullo siento al verlo, más porque ha sido inspiración mia su construccción. Picado de vanidad, le pregunto al Señor por la historia del monolito; éste me dice, como quien muestra su más preciado trofeo:

-“Ah, joven, El Obelisco es el símbolo de nuestra ciudad, es muy antiguo y fue construido de un material en extremo raro.”

-“¡Ah Caray!, ¿Y de qué material está hecho, oiga?,” pregunto con suma curiosidad.

Cuando él me responde:

-“¡Esta hecho de latrocinio!”

Me despertó mi propia risa a carcajadas.

© Francisco J. Carabez 6 Octubre 2007.

 

-”¡La vida es corta!,” dice él.

-”… ¡y el obelisco es laaargo, laaargo!,” dice ella.

 

Ruinas de un Teatro Griego

Ruinas de un Teatro Griego

2 comentarios a “El Obelisco II”

  1. Ysela dice:

    Interesante continuacion de suenos.
    Dicen por ahi que sonar es vivir mas.

    Yo por eso duermo mucho. jaja

  2. carabez dice:

    “Soñar es vivir mas,” buena frase!

    A veces sólo en sueños podemos realizar nuestros anhelos o nuestros sentimientos más bizarros; y como todo buen viaje con lo único que nos quedamos al final es con un buen recuerdo!

    Saludos y sonrisas.