El contexto de este sueño fue un día que discutí la muerte de un perro perfectamente entrenado llamado “Fury” y cuyo dueño lamentó mucho su pérdida.
Soñé que invité a la familia de mi amigo Lalo a dar un paseo en mi “nave espacial”, que más bien era un platillo volador.
Una vez que todos estábamos a bordo del platillo, despegamos y enfilé el artefacto hacia el volcán de Colima y su pico nevado. Ya habíamos ganado suficiente altura como para contemplar una excelente panorámica desde donde se podía apreciar, allá en la lejanía, el horizonte del mar y se veían, relativamente cerca, las montañas de El Nevado.
En eso se le ocurrió a Lalo pilotear la nave y le cedí los comandos.
Pero inmediatamente Lalo perdió el control de la nave y comenzamos a zigzaguear en el viento. Cuando nos dimos cuenta que nos enfilábamos directo al pico rocoso de El Nevado todo mundo entró en pánico y gritábamos llenos de terror. La situación era desesperada pero no grave. Entonces empujé a Lalo a un lado y le dije en forma de reproche:
-“¡Lalo!, ésta nave se controla por medio de la voz,” Al tiempo que señalaba a los controles en la cabina.
-“¡STAY!,” grité en voz alta y el platillo volador de inmediato se estabilizó para el alivio de los presentes.
-“¿Ves, cabrón? son los mismos comandos que se les da a los perros,” le expliqué.
-“¡FLOW!,” le grité de nuevo a la computadora e inmediatamente la nave comenzó a deslizarse suavemente por el cielo. Brevemente le seguí explicando algunas instrucciones simples para que Lalo aprendiera a pilotear la aeronave.
-“¡FLOW HOME!,” dije con firmeza.
Con éste último comando, la nave tomó el rumbo de regreso a nuestra ciudad y pocos minutos después descendió a una de las avenidas más transitadas de Guadalajara.
Ya que estábamos dentro flujo de carros y camiones, para mi desgracia, la nave seguía un trayecto directo hacia la casa, sin respetar los señalamientos de tránsito. Así continuó y cuando se pasó unas luces rojas, le dije a manera de explicación a Lalo:
-“Bueno, ¿qué esperabas? ¡Ésta nave no está entrenada para el tránsito terrestre!”
© Francisco J. Carabez 3 Mayo 2007
